REALIDAD     FICCION  

ENSAYO NO SER TAN IMBÉCIL

No es la primera vez que escribo sobre sentimientos, que intento explicarme qué son y de dónde vienen.
He debatido el tema con varios entendidos en dicha cuestión y no han sido pocos quienes afirman, sin dudar, que, así como los instintos del hombre son innatos, los sentimientos son, deliberadamente, construcciones sociales; más sencillo, un invento más del ser humano.
Un amigo escribió sobre la educación de los sentimientos pero sin llegar a ninguna conclusión; en realidad no sé si intentó arribar a alguna, pero eso dijo.
¿Debemos sentirnos frustrados al no conseguir un objetivo que perseguimos? En este caso, ¿mi amigo tendría que estar mal, triste, por no haber llegado a la conclusión que buscó? Yo creía que así era, o lo sigo creyendo, por ello es que para mí él no buscaba conclusión alguna; no lo vi llorar, ni con el ceño fruncido.
“...Claro, sus sentimientos fueron educados de tal manera que...”, dirán algunos con seguridad.

Supongamos el siguiente ejemplo:

Dos hombres parados uno al lado del otro, en idéntica posición, observan el mar desde la orilla.
El clima es favorable, no se distinguen nubes ni cercanas ni a lo lejos. Miran detenidamente al horizonte. Pueden visualizar sin problema aquella línea recta que separa el agua del cielo, al menos para la vista humana.
Decíamos que miran al horizonte. Sus miradas que apuntan hacia la línea se cruzan y creen ver el mismo punto.
Describen exactamente la misma visión; la línea azul, la del horizonte.
Pero el punto de uno no es el mismo que el de su compañero.
El sujeto A tiene visión perfecta, nunca necesitó anteojos. El sujeto B tiene miopía; usa lentes usualmente pero no en esta ocasión. Justamente, sus anteojos son para ver desde lejos.

Conclusión:

A y B nunca pueden estar observando la misma línea ya que la vista de A le permite ver más lejos que B.
Ergo, su horizonte no es el mismo.
De aquí podríamos concluir que no siempre que creemos ver, sentir o pensar igual que otra persona, realmente es así, o viceversa; podemos pensar que sentimos diferente a otro cuando en realidad no lo es así.
Y es aquí cuando entiendo pertinente hacer otra salvedad. Una cosa es lo que pasa por nuestro cuerpo, lo que percibimos por dentro; otra muy diferente es lo que transmitimos gestual o verbalmente a los demás.
Continuando con el ejemplo anterior, A supone odiar a B, pero B no, solamente siente rechazo; eso se dicen.
Esta vez, a diferencia de sus visiones diferentes las cuales creían idénticas, sus sentimientos que creen distintos son iguales.
Ambos sienten lo mismo por dentro. Para A esa sensación se llama odio, pero B aún no siente odiar a A, dice sólo sentir rechazo.
El umbral de odio de ambos es bien diferente.
Al igual que ocurre con el dolor, -por ejemplo, al pincharse con una aguja A puede sentir dolor intenso mientras que B tal vez sólo experimente un dolor casi imperceptible- sucede con los sentimientos.
La sensación de felicidad -al igual que el motor que la impulsa- no debe ser necesariamente-y difícilmente lo será- igual en todas las personas.
El odio, la pasión, el fanatismo, el amor, el goce, el rencor se presentan de diferente manera en cada ser humano pero, erróneamente, le adjudicamos el mismo nombre en todas las personas.

Conclusiones:

Al igual que todo lo que es abstracto, los sentimientos no pueden medirse y, por ende, dependerá de cada ser humano su propio umbral de cada uno de ellos.
Si A tiene tos, tose, sabemos que tiene tos; B puede darse cuenta fácilmente ya que él también tose cuando tiene tos. Igual sucede con la gripe.
No así con los sentimientos. Podríamos ir más allá y decir que cada ser humano puede darle su propio significado a cada uno de los sentimientos, pero por el momento A y B se retiran a sus casas, tras una "grata" visita a la playa y una serie de arduos estudios que dejaron en evidencia sus similitudes y sus diferencias menos perceptibles.

Fuentes:

* Diccionario de sentimientos, Ed. Capeloz, España.
* "Sentimientos para Amador", Ed. Madriz, España.
* Las puertas de la desespercepción", Adolfo Husly.
* Winkipedia
* Enciclopedia En carta, a domicilio.

FGR / 2007

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